Villaluenga, un oasis sin Covid en plena tercera ola

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En el momento en que la provincia padece el sunami de la tercera ola de la pandemia de coronavirus, entre cierres perimetrales y el cese de ocupaciones no esenciales, llama la atención la situacion de Villaluenga del Rosario. Esta ciudad de la Sierra solo tuvo 16 casos de Covid-19 entre sus 455 vecinos. Esto sucedió durante la segunda ola y todos se recuperaron eficazmente. Ni un solo fallecido. Ahora esta torre de supervisión permanece libre de virus y su tasa de incidencia amontonada a lo largo de los últimos 14 días es cero, mientras que el promedio provincial supera los 900 casos por 100.000 pobladores.

Él El 60% de la población de Villaluenga tiene más de 65 añosPor eso el resto del país está "muy atento", según un vecino, a la protección de las personas superiores. Es asombroso que no se vean conjuntos de personas en sus calles, y cuando 2 vecinos se detienen a hablar, debidamente equipados con sus gastadas máscaras, se sostienen a una distancia prudencial. Saben que el virus está ahí y, por ende, son cautelosos.

Viable positivo

"La gente tiene bastante cuidado", ha dicho a LA VOZ el médico del pueblo, que visita todos y cada uno de los días. Allí, sin más ni más equipo que una bata y una máscara, ve a sus pacientes, también los trata por teléfono y en casa. Ella sabe que como la enfermera están expuestas y espera recibir la segunda dosis de la vacuna Covid-19 en el momento en que la pida. "Los mayores de 80 años ahora deberían estar vacunados".

"No poseemos ningún caso a la fecha", advierte el médico, puesto que, al instante de este informe este miércoles 27 de enero, es esperando los resultados de la prueba efectuado sobre un Villaluenguense, posible positivo por coronavirus. "Esta es una mecha que se prende y cuando sale un positivo, hay más", dice el médico.

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Junto al consultorio del médico, en la farmacia del pueblo, tras su mostrador y con mascarilla FPP2, José Ignacio, el de Badajoz, farmacéutico del pueblo a lo largo de seis años. Señala que los habitantes de Villaluenga se cuidan bastante y, aun en su negocio, donde dos clientes podrían estar de manera perfecta seguros sosteniendo la distancia, eligen entrar uno a la vez. "La gente es muy consciente", afirma, "asimismo se nota en las máscaras, se llevan los packs y no los usan más de lo recomendado".

"La gente se protege y respeta las reglas"

Tras 40 años como policía municipal en Villaluenga, Antonio Benítez se jubilará el 2 de febrero. Es el único municipal de la ciudad, "en este momento no estoy solo, han puesto guarda", le afirma al diario desde su oficina (pantalla por medio de) en el ayuntamiento. Antonio señala que, tras la epidemia sufrida a lo largo de la segunda ola, mucha gente se ha "con limite" y sale el mínimo. "Solías ir al bar a las 13-14 y había gente, en este momento no hay nadie", afirma. Villaluenga "siempre ha sido un país ganadero donde la multitud se porta bien, no me han dado mucho trabajo en todos estos años", afirma Antonio. Ahora, con la pandemia, “te proteges y respetas las reglas. Me marcho con esa satisfacción ”, concluye la Policía Municipal.

Destaca la escasez de turistas, debido al cierre perimetral de la mayoría de los ayuntamientos de la provincia y, sobre todo, de Jerez, de donde proceden muchos de los visitantes de Villaluenga. “Algunas personas vinieron del extranjero y aquí se sacaron las máscaras. Si lo utiliza en su casa, ¿por qué razón no en mi casa? ”, Dice un vecino de Villaluenga. Cuantas más personas visiten, más posibilidades de contagio, pero también mayores ganancias. Entonces, aparentemente, lo que es malo para la economía es bueno para la salud y viceversa. Lo conocen bien en una de las seis queserías de Villaluenga. El queso es el sustento de la mayor parte de las familias del país y allí, si bien "muy orgulloso del tipo cero", exhibe el retroceso que les está provocando la crisis derivada de la pandemia. "Vivimos de la multitud de fuera y de los sitios de comidas y notamos mucho", dice el empleado de la lechería, que trabaja allí desde hace 12 años. Mientras que resalta que en la ciudad "somos escasos" y "nos cuidamos".

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En el Hotel La Posada resisten lo mejor que pueden. "Hemos apreciado mucho la pandemia", dicen. Siguen abiertos, mas ahora la gente que va es del pueblo y hace empleo del comedor, eso sí, ya que prácticamente no hay almuerzos. "El objetivo de semana de nieve aquí no fue suficiente, estábamos llenos, fue increíble"afirma uno de los camareros. Y revela que "somos poquísimos, solamente hay tres casos, y sube el ritmo y nos cierran en el perímetro".

Nuevos negociantes en la mitad de una pandemia

Pese al mal período económico derivado de la pandemia, Villaluenga también tiene hombres de negocios. Como Cándido, un espacio que decidió inauguró el Mesón Taurino Villaluenga, en su arena, y lo logró el 24 de diciembre. "Estoy bien", afirma. "En este momento tengo el chorreíllo de los ciudadanos", afirma. Decidió abrir el restaurante porque "aquí había una necesidad, más que nada un espacio que sirviese comidas" y allí proporciona cocina tradicional todos y cada uno de los días. Habla tras su barra, con un letrero que advierte que no hay servicio, solo en las mesas. "La gente juega según las reglas", dice.

Cerca del ruedo está la pastelería Nuestra Señora del Rosario, regentada por Antonio, un joven de campo, desde enero de 2020. Entonces llegó la pandemia y "aquí estamos, resistámos". Aparte de pan, tiene una pequeña tienda con artículos básicos. Antonio lo afirma Todos y cada uno de los casos de coronavirus que ocurrieron en Villaluenga, "por suerte", fueron entre jóvenes, "Que no lo logró muy mal y lo superó sin inconvenientes".

Estruendos de niños en la Plaza de la Alameda. los 35 alumnos del instituto Villaluenga Estoy a lo largo del recreo. Corren, saltan, juegan ... Son exactamente los mismos 35 niños de la región. En este centro, donde hay seis instructores (todos de fuera), los recién nacidos se dividen en grupos: recién nacidos de un lado; un grupo de la primera, segunda y tercera principal y otro de la cuarta, quinta y sexta. Belén es la primera, segunda y tercera tutora, y fue uno de los casos de Covid. Otro, explica Belén, quien viene de Ubrique, era estudiante de cuarto año y otro joven. "Los contactos cercanos fueron evaluados y resultaron negativos", enseña. Además, a todos aquellos que no se habían hecho la prueba por no ser contactos próximos, "el Ayuntamiento les pagó".

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Volvamos al vehículo. Nadie en la calle. Y entramos en el único banco de Villaluenga. Adentro nos atiende Ana, que viene de Olvera y es su primer día de trabajo. "El trabajador que estaba aquí en este momento está en cuarentena por contacto positivo", afirma. "Eres el primero en ingresar a la oficina", dice. El virus no está en la Sierra en este momento, pero todavía está al acecho.

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